Carta de una paciente publicada en el periódico Las Provincias

‘Chapeau’ para el cirujano Carlos Cuesta Romero

A Valencia me llevaron mis pasos. Ciudad de la luz y de la alegría, villa de gente hospitalaria de espíritu noble. Buscaba un cirujano mientras huía de la falta de humanidad conocida en mi pasado, que melló mi ánimo y ensombreció mi espíritu en los momentos en que me preocupaba la salud. Quizás por lo que escribió J. Narosky: «El médico que no entiende de almas, no entenderá cuerpos».
En Valencia me topé con D. Carlos Cuesta Romero, un Maimónides del siglo XXI. A sus espaldas, una dilatada trayectoria profesional. Lo sentí caminando por la senda de la humildad y con Dios en sus manos. Arropado por un fabuloso equipo y una encantadora esposa, esculpe el cuerpo aniquilando el dolor. Ahuyentó mi zozobra y su exquisito trato humano, evaporó mi angustia previa al quirófano. No todas las personas se olvidan del bien recibido. Mil gracias, Doctor Cuesta, y a todos aquellos doctores para los que, a diferencia de otros muchos, la cirugía y la sanación no son una obligación impuesta por su titulación, sino que saben hacer de ellas un arte.

Ver original en Las Provncias

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